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Discurso Superior General

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Lunes, 16 de octubre de 2006

 

Hermano Donatus Forkan

 

 

Mis queridos Hermanos Capitulares,  

 

Espero que al ser ayer domingo ustedes tuvieran un día de descanso. Lo merecen, después del duro trabajo que han tenido durante la semana pasada y especialmente los últimos días que vivimos con un enfoque más intenso cuando entramos en el proceso de discernimiento para la fase de elecciones del Capítulo.

 

Me asombra el encontrarme con calma y en paz, cansado pero tranquilo. Realmente, he esperado y rezado para que el manto del Prior General no cayera sobre mis espaldas. Y me temía que si iba a ser elegido Prior General iba a encontrar todo el proceso agobiante.  Pero he recordado la enseñaza recibida de mi Maestro de Novicio, el fallecido Hermano  Dermot Hanley, quien solía repetir que Dios concede una gracia cuando se necesita, y no antes.  

 

Dios me ha dado la gracia de la paz ante un llamado que va a cambiar mi manera de vivir y de trabajar como Hermano de San Juan de Dios, en los próximos seis años.

 

Una vez más, Hermanos, quiero agradecerles sinceramente la confianza que han puesto en mí al elegirme para que sea “el primero entre los Hermanos” – es decir Prior General que significa: el primero entre iguales. Es así como me gustaría verme a mi mismo – como una persona llamada por mis Hermanos a ejercer el servicio de liderazgo. El liderazgo es un servicio a los demás y para los demás. Cuando uno considera el sentido sagrado que la otra persona tiene y la dignidad innata y el valor de cada ser humano empieza a darse cuenta de que el llamado a servir es realmente un privilegio – independientemente del papel o de la función de liderazgo que estamos llamados a ejercer. Les agradezco de todo corazón el haberme concedido este privilegio a pesar de mis muchos límites, fallos y de ser indigno de dicho privilegio. Las muchas muestras de afecto, de respaldo, de ánimo de parte de todos aquí en el Capítulo y de todas las comunidades y centros del mundo entero, y de mi familia y amigos han sido una espléndida fuente de fuerza para mí en estos días. Les agradezco de todo corazón y les pido que, por favor, sigan apoyándome de esta forma.   

El segundo pensamiento que tengo en este momento es que realmente es abrumador el ser llamado a representar a nuestro Amado Fundador y Padre San Juan de Dios, el hombre que supo amar, el hombre que experimentó el amor y la misericordia de Dios en su propia vida, y que a su vez se hizo amor, se hizo hospitalidad para los demás. Me siento llamado, junto con ustedes aquí en este 66º  Capítulo General, a presentar de nuevo la visión de Juan de Dios al mundo, a interpretar su sueño, a realizar su misión.  

Estamos llamados a hacerlo en una sociedad rota por las guerras, la violencia, el hambre, la marginación, la pobreza y las divisiones. Esta no es una tarea a la que me encaro solo, sino con ustedes “como el primo entre iguales”. Los invito a ustedes, Hermanos y nuestros Colaboradores, y a todos cuantos desean compartir y contribuir de alguna manera a que se haga realidad el sueño de Juan de Dios, a que se unan a mí para volver a dedicarnos con renovado empeño y energía a esta gran misión.   

 

De parte de los Hermanos y Colaboradores, aseguro a los miles y miles de hombres, mujeres y niños asociados con los Servicios de San Juan de Dios, doquiera en el mundo, o que se sirven de los mismos, que sus inquietudes y sus esperanzas han estado y mucho en el centro de nuestras discusiones y de nuestras oraciones durante estos días de Capítulo. Nos volvemos a comprometer para proporcionarles a ustedes los mejores servicios posibles que la ciencia pone a nuestra disposición con los recursos que tenemos.  Procuraremos hacerlo con cuidado, compasión y con sentido de acogida, en un ambiente que contribuya al bienestar de ustedes, a mejorar su salud en la mente, en el cuerpo y en el espíritu.  Sepan que no hay nada que nos gustaría más que remover o aliviar cualquier pena o dolor que los embargue. Si no podemos hacerlo seguiremos acompañándolos, sosteniéndolos a ustedes y a sus familias lo mejor que podamos.  A todos los demás que usan o que son sostenidos de alguna manera por un servicio o programa San Juan de Dios les apremiamos a que tengan valor y a que reconozcan que estamos con ustedes, que trabajaremos con ustedes, que seguiremos sosteniéndolos y ayudándolos a ustedes como podamos para que vivan una vida en plenitud, que tenga frutos, sea significativa y feliz.  

 

A los miembros de las familias y a los que sostienen la labor de San Juan de Dios de cualquier forma, les agradecemos todo lo que ustedes hacen para ayudarnos a ofrecer un servicio cada vez mejor y más parecido a lo que Juan de Dios quería, es decir un servicio centrado en el paciente/usuario en necesidad. A los familiares de los pacientes les decimos que tengan ánimo, que estamos con ustedes, los sostenemos, y que pueden contar con nuestra ayuda espiritual, moral y profesional en todo lo que podamos. Todos nosotros estamos comprometidos en cuidar a sus seres queridos de la mejor manera posible. Sus seres queridos constituyen el centro de nuestro trabajo y de nuestras energías como son para ustedes el centro de su amor y solicitud.  Juntos, démosles consuelo, esperanza y por la gracia de Dios, curación.  

 

Queridos Hermanos el proceso de discernimiento ahora se mueve hacia la fase de elegir a los Consejeros Generales. Para ayudar en esta importante labor quiero hacer unos breves comentarios, que espero les sean útiles. Me veo llamado a ser el líder de un equipo. Por consiguiente, espero ejercer mi ministerio de servicio de forma colegial, en primer lugar con el Consejo General y luego con los Provinciales y Delegados.

 

Los temas que hemos discutido en este Capítulo, es decir los retos a nivel regional, la bioética, las misiones, los colaboradores, la formación, etc. se dividirán, como es costumbre, entre los Consejeros. Necesitaremos a hombres que tienen visión, una buena preparación y que estén dispuestos a trabajar para que se haga realidad el sueño de San Juan de Dios en el mundo de hoy. Deberán ser hombres de oración, tener un corazón capaz de escuchar y tener un espíritu abierto.   

 

Obviamente el Capítulo es totalmente libre de elegir a los Hermanos que considera más aptos para servir como Consejeros Generales. Así que los animo a seguir en el espíritu de discernimiento con que hemos empezado nuestro proceso de elecciones bajo la guía de la Hermana Helena O’Donoghue.

Gracias.

 

 



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