LXVI Capítulo General de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios
- Roma, 2-22 de Octubre de 2006 -
DISCURSO DE CLAUSURA DEL LXVI CAPÍTULO GENERAL
PREÁMBULO
Está a punto de concluirse nuestro LXVI Capítulo General. El título que elegimos para el Capítulo: “Pasión por la Hospitalidad de San Juan de Dios hoy en el mundo”, en estos días fue como un rayo de luz y un recordatorio constante para nosotros sobre las razones por las que nos reunimos en Capítulo. Seguramente sentimos entre nosotros la presencia de nuestro Santo Fundador, San Juan de Dios, y, varias veces, los acontecimientos y las personas nos recordaron la dura realidad de la pobreza y del sufrimiento en el mundo de hoy, en el que tantas personas viven y mueren en situaciones de gran abandono.
El Capítulo ha sido una experiencia pentecostal para todos nosotros – un momento lleno de gracia, no sólo para el Capítulo, sino para toda la Orden. Doy gracias a Dios por haber iluminado y guiado el trabajo del Capítulo a través del Espíritu Santo. También Le agradezco el haber hecho surgir nuestra Orden a través de San Juan de Dios para que continuase Su ministerio de sanación en la Iglesia. Te agradezco Señor, por todos los Hermanos y Colaboradores que forman parte de esta gran misión de misericordia, o que formaron parte de la misma en el pasado.
El trabajo del Capítulo fue más fructífero y más centrado gracias al hecho de que pudimos contar con un INSTRUMENTUM LABORIS, un documento de trabajo que guió las labores del Capítulo. El IL fue redactado por una Comisión Preparatoria que había recibido las contribuciones de las Conferencias Regionales, del Congreso de Jóvenes Hospitalarios de Granada y de algunas personas. Deseo agradecer a los miembros de dicha Comisión por el trabajo realizado, que fue tan útil para el Capítulo.
Ahora, deseo agradecer de manera muy especial a todos ustedes, Hermanos y Colaboradores, que participaron en el Capítulo, por la forma en la que trabajaron. La atmósfera de diálogo sincero y abierto, y de escucha respetuosa durante los debates e intercambios aseguró que todos fueran escuchados y tuvieran la posibilidad de expresar los distintos pareceres y opiniones con franqueza y sin temor alguno.
RECONOCIMIENTO AL HERMANO PASCUAL PILES
El cariño que la Orden siente por el Hermano Pascual se hizo patente con el largo aplauso que recibió en la Sala Capitular cuando renunció a su cargo de Superior General para que se celebrase la elección del nuevo Superior General. También se manifestó claramente cuando todos los Capitulares le saludaron calurosamente uno tras otro, expresando su gratitud y afecto por él como Hermano y por la gran obra que realizó en nombre de la Orden como Superior General. Lo que inspiró el liderazgo que el Hermano Pascual brindó a la Orden como Superior General durante los últimos doce años, y como Consejero General durante los seis años anteriores, fue su profunda fe, su amor por San Juan de Dios y su pasión por la hospitalidad.
La habilidad del Hermano Pascual en expresar las indicaciones teológicas y espirituales – sobre todo en el ámbito de nuestra vocación, misión hospitalaria y vida de consagrados – en sus cartas, escritos y homilías ha enriquecido mucho el patrimonio de la Orden. Su mandato como Superior General ha de asociarse durante mucho tiempo con el hecho de que ofreció a la Orden dos documentos importantísimos y fundamentales, la Carta de Identidad y el Camino de la Hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios. Estos documentos han de constituir un gran recurso que seguirá guiando a la Orden hacia su renovación y la de su misión de hospitalidad en el camino de San Juan de Dios, con coherencia con su larga historia y tradiciones y, al mismo tiempo, de manera actual, para responder a las necesidades de la gente de hoy.
Personalmente, en mi larga experiencia de vida religiosa, puedo decir sinceramente que nunca he trabajado tan de cerca con ningún otro Hermano. Nunca he visto en otros Hermanos la misma capacidad de trabajar, una inteligencia tan fina y una actitud de disponibilidad tan abierta, tolerante y compasiva. Podría decir mucho más, y quisiera decir mucho más para elogiar al Hermano Pascual, como Hermano, como líder y como amigo, pero de momento deseo sólo dejar memoria del agradecimiento y admiración personal que siento por él y que comparto con toda la Orden. Te deseo, Hermano Pascual, abundantes bendiciones, paz y felicidad ahora que vuelves a España, tu tierra natal, y a la Provincia de Aragón para continuar tu ministerio al servicio de la hospitalidad.
RECONOCIMIENTO A LOS DEMÁS MIEMBROS SALIENTES
DEL GOBIERNO GENERAL
Deseo expresar un reconocimiento y agradecimiento, en mi nombre y en el de toda la Orden, al Hermano Emerich Steigerwald, quien prestó más de 22 años de servicio al Gobierno General, como Consejero y Ecónomo General de la Orden, por la larga y fiel labor que ha brindado a la Orden y por la manera en la que la ha realizado. Te deseo, Hermano Emerich, muchas bendiciones al volver a tu Provincia en Alemania.
El Hermano Luis María Aldana formó parte del Gobierno General durante doce años como responsable de la Formación en la Orden. El Hermano Luis es el más conocido de toda la Orden después del Hno. Pascual. Se encargó concienzudamente de la organización de diez cursos de preparación a la Profesión Solemne, acompañando y brindando una atención y orientación fraternas a los jóvenes Hermanos que participaron en los cursos a lo largo de los años.
El Estudio sobre el estado de la formación en la Orden, realizado por el Prof. Renato Mion de la PONTIFICIA UNIVERSIDAD SALESIANA, Facultad de Ciencias de la Educación, INSTITUTO DE SOCIOLOGÍA, era la principal responsabilidad del Hermano Luis, que dedicó sus esfuerzos incansablemente para asegurar que el proyecto se realizase de la mejor manera posible y que compartió los resultados con el resto de la Orden durante las Conferencias Regionales y, en estos días, con los participantes del Capítulo General. El estudio ha sido un gran recurso para el Capítulo y seguirá siéndolo para las Provincias ahora que se están preparando para sus Capítulos Provinciales.
Agradezco al Hermano Luis en nombre de la Orden y le deseo todo éxito y muchas bendiciones en su futuro ministerio en su Provincia natal de Colombia.
El Hermano Pietro Ciccinelli estuvo seis años en el Consejo General. Una de sus muchas responsabilidades, que incluyen su cargo como Vicepresidente de AFMAL, la ONG de la Orden, era el oficio de Vicepresidente Ejecutivo del Hospital de San Juan Calibita, de la Isla Tiberina, cargo que desempeñó con dedicación, compromiso e integridad. El Hospital de la Isla Tiberina, como le dicen en Roma, se identifica desde hace largo tiempo con la presencia de la Orden en Roma y celebramos el V Centenario de nuestra presencia en el hospital en 1984. Fue la sede del Gobierno General de la Orden durante mucho tiempo. Al agradecer al Hermano Pietro en nombre de toda la Orden por su gran contribución al trabajo del Gobierno General, le deseamos muchas bendiciones ahora que vuelve a su Provincia aquí en Roma.
El Hermano Leopold Gnami también transcurrió seis años en el Consejo General. El Hermano Leopold fue el primer Hermano africano en ser elegido para el Gobierno General. Durante su mandato también fue el Delegado General de la Delegación General de San Ricardo Pampuri en África, cargo que seguirá ejerciendo. Siendo un africano de Benín, el Hermano Leopold aportó al Gobierno General las intuiciones y experiencias, presentando asimismo las necesidades, los retos y las oportunidades que tiene la Orden en África. Todo ello fue de gran ayuda al Gobierno General al tratar asuntos relacionados con la presencia de la Orden en África. Deseamos muchas bendiciones al Hermano Leopold que seguirá desempeñando su cargo de Delegado General.
El Hermano José Luis Muñoz fue el Secretario General durante los últimos seis años, sin embargo, es un servicio que proporcionaba ya por segunda vez en la Curia General. El Hermano José Luis Muñoz fue una presencia constante en la Curia General cuando el Superior General y los Consejeros viajaban a las Provincias en el ejercicio de su ministerio. Gracias a su conocimiento del derecho canónico y a su experiencia como Provincial de Andalusía, el Hermano José Luis constituyó un recurso muy valioso, no sólo para el Superior General, sino también para los Provinciales. El Hermano José Luis compartió sus muchos talentos con gran generosidad, asegurando que el Gobierno General de la Orden funcionase con eficiencia y precisión. En nombre el Gobierno General y de toda la Orden, agradecemos al Hermano José Luis y le deseamos muchas bendiciones, paz y éxito en su futuro ministerio al volver a su Provincia.
Además de mí, hay otro Hermano que sigue formando parte del Consejo General: el Hermano Vincent Kochamkunnel. Dado que se queda, no voy a ahondar en sus muchas cualidades. Espero contar con su ayuda durante todo el próximo sexenio, pero sobre todo durante los primeros días del establecimiento del nuevo Gobierno General. Sé cuán útil puede demostrarse, al haber trabajado junto con él en armonía durante los últimos seis años, al encargarnos de la misión “ad gentes” de la Orden.
Otro Hermano que formaba parte de la Curia General en calidad de Procurador General está por volver a su Provincia de Australia: es el Hermano Fabian Hynes. El Hermano Fabian prestó más de 50 años de servicio a la Santa Sede como Director de la Farmacia Vaticana. Al desempeñar dicho cargo, y también como Superior de la comunidad vaticana de la Orden, el Hermano Fabian representó lo mejor de nuestra vocación de Hermanos Hospitalarios, de nuestra misión y de nuestro carisma en el centro mismo de la Iglesia.
El Hermano Fabian desarrolló el servicio que proporciona la Farmacia Vaticana, convirtiendo la antigua pequeña estructura en lo que es en la actualidad. También desempeñó el cargo de Consejero General de la Orden, y, durante muchos años, el de Procurador General. El Hermano Fabian ha prestado servicio bajo nada menos que seis Papas y probablemente es la persona más conocida y solicitada de la Ciudad del Vaticano – ¡es decir, después del Santo Padre, naturalmente! El Hermano Fabian es farmacéutico de profesión, y, como tal, formó parte de los equipos médicos que cuidaron de los Papas y de muchos otros miembros de la jerarquía de la Iglesia que viven en la Ciudad del Vaticano cuando requirieron asistencia médica. El Hermano Fabian recibió el gran honor del reconocimiento de la Confederación de Australia, la Orden de Australia, por la manera en que representó a su país como ciudadano australiano residente en el extranjero. Siempre estuvo a disposición de los australianos y demás peregrinos que visitaban Roma y que necesitaban alguna ayuda durante su estadía.
Al reconocerle en nombre de toda la Orden, y seguramente de la misma Santa Sede, le agradecemos la enorme aportación que ha brindado a la Iglesia y a la Orden en Roma y le deseamos muchas bendiciones, paz y felicidad al volver a su tierra y a su Provincia natal después de haber transcurrido tantos años en el extranjero.
LA ELECCIÓN DEL NUEVO SUPERIOR GENERAL
Y DEL NUEVO CONSEJO GENERAL
Mis primeros pensamientos tras haber sido elegido Superior General se refieren a mi falta de mérito y a mi conciencia de mis muchas limitaciones al intentar desempeñar este alto cargo. Sin embargo, también siento una paz interior, que creo sea un don del Espíritu Santo. Nuestra amada Orden, con su larga historia de servicio en la Iglesia, es una “perla de gran valor” para la Iglesia, que la Iglesia misma valora y desea mantener. El ministerio desempeñado por la Orden y lo que representa, promueve y propugna también es muy valorado por los países y sociedades en los que está presente la Orden. Sin embargo, son los enfermos, los pobres y los marginados y sus familias quienes aprecian más que nadie lo que la Orden significa y lo que intenta hacer por ellos en sus momentos de necesidad. Quizás no siempre consigamos hacerlo tan bien como quisiéramos, sin embargo, es el aprecio de las personas que utilizan nuestros servicios lo que más nos agrada y lo que nos impulsa a seguir adelante y a hacer más, para ser algo más para ellos.
El cometido de guiar, salvaguardar y continuar la misión de la Orden a principios del Tercer Milenio – que recién ha empezado – es verdaderamente una tarea sobrecogedora. Dependo totalmente del poder de Dios que habita en mí, ya que, como dijo el Cardenal Newman: “es Su gracia que me ha traído hasta aquí y es Su gracia lo que me llevará adelante”. Sé que San Juan de Dios me guiará y me acompañará. Lo que me inspira es lo que saben mi mente y mi corazón de este hombre tan extraordinario, apóstol de la caridad, fiel seguidor de Jesús y gran pionero – incluso podríamos definirle un revolucionario de su época.
Me entregaré por completo al ejercicio de mi ministerio y, con su ayuda y sus oraciones, Hermanos y Colaboradores, construiré sobre lo que ya se ha hecho en la Orden en términos de renovación desde el Concilio Vaticano II, durante los Generalatos de los Hermanos Maria Alonfons Gauthier, Pierluigi Marchesi, Brian O’Donnell y Pascual Piles. Juntos construiremos un futuro para nuestra Orden que asegure que el sueño y la visión de San Juan de Dios sigan avanzando. Si consiguiésemos hacer avanzar la misión de Juan de Dios aunque fuera a un nivel infinitesimal, qué logro, qué privilegio sería. Por lo tanto, encaro el futuro lleno de esperanzas y también con algunos sueños.
También hemos elegido a seis Consejeros Generales y he nombrado al Secretario General. Nos veo trabajando bien en equipo. En su momento, asignaremos las distintas responsabilidades, según la experiencia y las competencias de cada Consejero, y sucesivamente transmitiremos la información relativa a toda la Orden. También me veo trabajando de forma colegial con los Provinciales y con los Delegados Generales.
EL TEMA DEL CAPÍTULO
Deseo hablar nuevamente del tema del Capítulo: “Pasión por la hospitalidad de San Juan de Dios en el mundo de hoy”.
La pasión
La palabra “pasión” tiene una serie de significados, que van del ardor y el celo a la cólera y a la ira. La pasión es un sentimiento tan intenso que lleva a algunas formas de expresión externas que pueden incluso convertirse en violencia. Vemos una gran pasión en los campos deportivos, en las calles de nuestras ciudades, en los púlpitos y en los parlamentos.
Para nosotros los Cristianos, la palabra “pasión” tiene un significado particular: el de la Pasión de Cristo. El Santo Padre, en su homilía cuando asistimos a la audiencia el día 18 de Octubre de 2006, indicó que, tal como la traición de Judas “entregó” a Jesús, Su Hijo, en las manos de hombres mal intencionados, el Padre también entregó a Su Hijo – no a la muerte, sino a la condición humana, con todos sus riesgos y peligros – para que se pudiese realizar nuestra salvación. De esta forma el Padre nos mostró el gran amor que siente por todos nosotros, sus hijos. “El Señor me ha salvado porque me ama”. (Salmo 18)
La Hospitalidad de San Juan de Dios
La pasión por la Hospitalidad de San Juan de Dios nace de una profunda conciencia del amor de Dios por sus hijos que sufren, amor que Él manifestó de forma especial en el curso del tiempo a través de San Juan de Dios. La forma en la que Juan de Dios se convirtió en hospitalidad para el prójimo demuestra en términos claros e inequívocos el amor y la compasión de Dios por su pueblo, sobre todo en sus momentos de necesidad.
Es lo que hizo Jesús en su vida, como en su muerte. En la piscina de Siloé, por ejemplo, Jesús le preguntó al hombre que estaba tan lisiado que no podía entrar en el agua a tiempo cuando se agitaba: “¿Qué quieres que haga yo por ti?”, y el hombre le contestó que lo que quería era curarse. Llevaba 40 años intentando meterse en la piscina antes que los demás, pero no lo conseguía nunca. Necesitaba ayuda para meterse en el agua y ser curado y miró a Jesús con ojos suplicantes, llenos de esperanza. Jesús cogió de la mano al paralítico, le levantó y le curó. Ahora el hombre podía correr, bailar y nadar en el agua. Los lazos que lo sujetaban, la enfermedad que le había torcido los huesos y la parálisis del espíritu que vivía se habían roto. Era un hombre libre. “Yo he venido para que tengan vida”, dijo Jesús, “y la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)
Creo que fue San Ireneo quien dijo que la gloria de Dios es el ser humano plenamente vivo. Jesús devolvió la vida al pobre paralítico.
Fue este el modelo, el “ejemplo de Jesús” que siguió Juan de Dios en su misión. Se convirtió en su estilo y en el distintivo de su ministerio. Cuando Juan de Dios se topaba con un ser humano que tenía alguna necesidad particular, se ponía a hablar con la persona y, dependiendo de la necesidad, le ofrecía voluntariamente su ayuda. Juan de Dios se acercaba al individuo, en quien reconocía a una persona sagrada – un hijo de Dios – tal como Moisés se acercó a la zarza ardiendo: descalzo, con gran humildad, respeto y compasión. Juan de Dios estaba tan convencido de la dignidad innata de todo ser humano y de nuestra unicidad como hermanos y hermanas en Cristo, que creía que al cuidar de ellos, estaba amando al Señor y cuidando de él. Juan de Dios estaba dispuesto a viajar hasta los confines de la tierra para ayudar a un hermano o hermana necesitados. Esa era la pasión de Juan, una pasión por el Cristo crucificado – una imagen que siempre llevaba sobre sí bajo forma de crucifijo – y una pasión por la humanidad que sufre. En una carta a Gutierre Lasso expresaba su dolor al ver “padecer a tantos pobres, hermanos y prójimos míos, y con tantas necesidades, tanto corporales como espirituales, al no poder socorrerlos, quedo muy triste”.
(Segunda carta a Gutierre Lasso)
Este es el tipo de hospitalidad a la que hacemos referencia cuando hablamos de “la hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios”. Se basa en la convicción de que el carácter sagrado de todo ser humano es algo que ni la pobreza, ni la enfermedad, ni la condición social, ni el aislamiento pueden destruir o mermar.
Entre nosotros a menudo se expresa la esperanza de que nuestras comunidades puedan ser “Escuelas de Hospitalidad”. No es algo irrazonable, si consideramos que la primera vez que oímos hablar de la hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios y que la vivimos fue en comunidad. Vimos otras expresiones de Hospitalidad por parte de los Hermanos y Colaboradores cuando fuimos a un Hospital o Centro de la Orden, pero es en la comunidad que dimos nuestros “primeros pasos de hospitalarios”. Lo hicimos poniéndonos al servicio de la comunidad y vimos que era algo bueno.
En algunos países la Iglesia está siendo escrutada, se sospecha de ella y se pone en tela de juicio su forma de ejercer su liderazgo, su falta de apertura y de transparencia, con el resultado de que la fe de algunos creyentes está siendo puesta a prueba y la Iglesia misma se está quedando siempre más marginada. Es aquí donde las comunidades religiosas, y sobre todo la nuestra, pueden demostrar una nueva forma de ser Iglesia, pueden mostrar el “nuevo rostro” de la Iglesia: un rostro abierto, acogedor, compasivo, hospitalario y humanitario.
En razón de nuestra consagración religiosa, demostramos una pasión por Cristo, con un estilo de vida que “en la afirmación de la primacía de Dios y de los bienes futuros, como se desprende del seguimiento y de la imitación de Cristo casto, pobre, obediente y hospitalario” (Caminar desde Cristo, N. 8) será realmente evangélico y tendrá un efecto profundo y tranquilizador sobre las personas, sobre todo sobre las que invitamos a nuestras casas, a nuestras comunidades.
Pienso que también es oportuno recordar las palabras que pronunció el Santo Padre, Benedicto XVI, en la Audiencia General a la que asistimos durante el Capítulo. Haciendo referencia a Judas, dijo que: vivir con Jesús no necesariamente hace santa a una persona. En otras palabras, vivir bajo el mismo techo en el que se guarda el Bendito Sacramento en una casa religiosa tampoco hace que uno sea santo de por sí. Tenemos que pasar más tiempo con nuestro amado Jesús, escuchándole, hablando con él, y, a veces, simplemente permaneciendo en silencio en su presencia. La oración, tanto personal como en comunidad, y la reflexión sobre la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras son un alimento esencial para nuestra vida espiritual. Se ha dicho que los religiosos apostólicos de hoy tienen que tener las Sagradas Escrituras en una mano y el periódico en la otra. Tenemos que estar en contacto con Dios, pero también en contacto con la realidad del mundo que nos rodea, si queremos dar al mundo la Buena Nueva en un idioma que comprenda, con respeto y humildad, con un amor arrollador.
El mundo de hoy
En el curso de nuestros debates durante el Capítulo, hablamos de muchas cosas, algunas de las cuales están reflejadas en las resoluciones del Capítulo, pero hubo otros momentos, personas y acontecimientos que nos recordaron constantemente que “la hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios” es algo que el mundo de hoy necesita más que nunca. Nos corresponde, como Hermanos consagrados a la hospitalidad, ser realmente una: “conciencia crítica, guía moral, y presencia profética, abierta a las nuevas necesidades, con un renovado espíritu de integración con los Colaboradores”. (Informe sobre “El Estado de la formación en la Orden”, Capítulo Tres, párrafo 1.)
Vivimos y realizamos nuestro ministerio de hospitalidad en un mundo en el que la hostilidad se expresa con la violencia, el terrorismo, la explotación de niños, los movimientos masivos de personas de los países más pobres a los más ricos, las guerras y el fundamentalismo extremo. La Hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios como antítesis de esta situación es el antídoto que el mundo necesita.
El instrumento de violencia que denominamos granada de mano tiene una apariencia muy parecida a la de nuestro símbolo de Hospitalidad – la granada. Hay un gran contraste entre las acciones de quienes desean matar y dañar a otros al lanzar la destructiva granada o bomba de mano entre las muchedumbres y sitios públicos de reunión y adoración, y las acciones de Juan de Dios, quien lanzó al mundo su granada de la Hospitalidad. Al igual que la granada de mano se quebranta en fragmentos que hieren, la granada de la Hospitalidad vierte las semillas del amor de Dios que sanan. Cada acción de Hospitalidad realizada por los Hermanos y los Colaboradores es una respuesta a un acto de violencia que mata o hiere en algún sitio del mundo.
Creo que esta imagen ilustra la importancia fundamental que tiene nuestra vocación de hospitalidad para las necesidades y para la situación del mundo de hoy. Sin embargo, nos plantea el desafío de salir de nuestras zonas cómodas, de correr riesgos en aras del Evangelio, de ir donde nadie quiere ir o donde a nadie le interesa ir, para sustituir la granada de mano del odio, de la discriminación, de la deshumanización y de la violencia con la granada del amor.
En el contexto mundial actual, el tema de la Bioética merece mayor atención y desarrollo. Este tema surgió repetidamente durante el Capítulo. Nos esforzaremos por promover la formación y una mejor comprensión de la doctrina de la Iglesia y de los aspectos humanitarios y psicológicos de los temas éticos que la Orden tiene que encarar por doquier.
Entre los Hermanos y Colaboradores de la Orden hay una gran preocupación por la falta de vocaciones y por el envejecimiento de los Hermanos – sobre todo en los países industrializados. Mientras el envejecimiento es un proceso natural que las personas pueden aceptar, cuando se trata del futuro de la Orden en términos de nuevos miembros, éste causa mucha preocupación. Sobre este tema hubo debates largos y tendidos durante el Capítulo.
En lugar de considerar esta situación como un “problema” que hay que resolver, al leer los signos de los tiempos y con la orientación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de nuestra propia experiencia a lo largo de los últimos 40 años aproximadamente, hoy reconocemos que los laicos, hombres y mujeres, también reciben la llamada a ofrecer hospitalidad a los necesitados según el estilo de San Juan de Dios. Hacemos referencia a personas como nuestros Colaboradores en la Misión. Sí, tenemos que seguir buscando nuevas formas e iniciativas para dar a conocer en la Iglesia nuestro estilo de vida y nuestro ministerio como Hermanos de San Juan de Dios e invitar a las personas que están pensando en lo que quieren hacer en la vida, a considerar nuestra forma de vivir. Tenemos que planificar con igual atención la manera de realizar nuestra Misión de Sanación a través de la hospitalidad aumentando la participación de nuestros Colaboradores laicos.
La experiencia de la Orden nos dice muy claramente, con la falta de vocaciones y el envejecimiento de nuestros miembros, que tenemos que ser creativos y encontrar nuevas estructuras que aseguren que la misión de hospitalidad, que contribuye de forma tan significativa al ministerio de sanación de la Iglesia, seguirá viva en el futuro. Las estructuras de la vida en comunidad y de la misión se crearon en el pasado para salvaguardar la misión de hospitalidad. Cuando dejan de satisfacer dicho fin, es necesario cambiarlas. Cito a la Hermana Helena O’Donohue: “Al dejar atrás algunas de las instituciones de nuestro ministerio y crear nuevas colaboraciones, la pregunta y el reto son: ¿Cómo podemos asegurar que la voz de las “cosas profundas”, del corazón y del alma que están al centro de la vida humana, específica de la naturaleza del legado de San Juan de Dios, invada los nuevos intentos? Necesitamos nuevas plataformas, nuevos porches o nuevos patios.”
En el informe que presenté al Capítulo, que se titulaba: “Colaboradores de San Juan de Dios”, afirmo que hoy Hermanos y Colaboradores juntos están intentando responder a las necesidades de las personas que sufren o que están marginadas, aunque a veces con recursos limitados. El hablar de nuestras diferencias para resolverlas, el diálogo abierto y sincero con un “corazón a la escucha” pueden llevar a una mayor comprensión y acercar a las personas, como sucedió entre Juan de Dios y Angulo. La presencia de los 21 Colaboradores en el Capítulo y su contribución a los debates seguramente confirman y validan lo antedicho. En su mensaje al Capítulo, el grupo de los Colaboradores afirma: “Al nuevo Gobierno General que con razón está preocupado por el futuro de la Orden y por la disminución de vocaciones deseamos ofrecer un mensaje tranquilizador. Quizás no se trate sencillamente de la incapacidad humana en saber identificar una pastoral vocacional adecuada, sino de la voluntad de Dios. Es precisamente por ello que deseamos enviar un mensaje de confianza: la Orden no perecerá, aun con la actual y futura falta de Hermanos, mientras haya laicos que participen de forma responsable de su carisma, custodiándolo y poniéndolo en la práctica”.
Por lo tanto, nuestra confianza al encarar el futuro se basa en la ayuda y colaboración que nos han prometido y que nos ofrecen nuestros Colaboradores.
Que Hermanos y Colaboradores trabajen juntos en todos los niveles de la Orden es nuestra garantía para el futuro de la hospitalidad de San Juan de Dios en nuestro mundo. Para asegurar que sea así, debemos considerar la formación de Hermanos y Colaboradores para lograr una misión integrada como una de las piedras fundamentales que garantizarán la capacidad futura de las obras de la Orden de brindar la hospitalidad de San Juan de Dios de manera exitosa. La preparación espiritual y profesional que se brinda a los Hermanos ha sido una piedra fundamental tradicional para asegurar que nuestras obras y servicios sean eficaces y evangelizadores. Tendremos que proporcionar estas oportunidades también a nuestros Colaboradores.
Considero que es necesario incrementar el compromiso de la Orden en cuanto a la formación de nuestros Colaboradores y ello podría requerir la creación de una oficina en la Curia General que se encargue de promover la formación y el lugar que ocupan nuestros Colaboradores en la vida de la Orden.
Conclusiones
Tenemos que dar inicio a nuestra búsqueda de una visión de futuro para la Orden y para su misión al lado de los que sufren. El punto de partida de esta búsqueda de significado, misión y elaboración de una visión tiene que ser el lugar donde hay gente que sufre. Hay tantas personas que sufren de muchas maneras distintas a causa de las nuevas formas de marginación, deshumanización, bajeza y aislamiento que no podemos descansar. Debemos buscar nuevas maneras creativas de alcanzar a esas personas. Nuestra visión prevé el desarrollo de una mayor colaboración interprovincial e internacional, a través de la creación de redes y de los hermanamientos, con la intención no sólo de alcanzar al mayor número de personas posible, sino de asegurar que sean tratadas, asistidas y cuidadas de una forma que contaría con la aprobación de San Juan de Dios. Sé que ya se es así en nuestros centros, pero no debemos caer en la complacencia o en la inercia. Nuestro trabajo acaba de empezar, el camino es largo y a veces difícil, y siempre nos plantea retos, pero: “lo que nos apremia es el amor de Dios”. (San Pablo)
En mi primer discurso ante el Capítulo afirmé que mis pensamientos y oraciones estaban dedicados a quienes se encuentran en una de las obras de San Juan de Dios o se sirven de las mismas, dondequiera que estén en el mundo. Deseo asegurar una vez más a cada una de esas personas que nosotros, Hermanos y Colaboradores, estamos aquí para ellas. Nuestra misión en la vida, como Orden religiosa de la Iglesia Católica, consiste en viajar con personas como ustedes en sus momentos de necesidad, escuchando lo que les causa dolor y sufrimiento y movilizando ayuda para ofrecer alivio. Tengan valor y que nuestro Dios misericordioso les otorgue sanación y esperanza.
Agradecimientos
He llegado a la parte del discurso que siempre causa cierta ansiedad a las personas que se encuentran en mi situación. Deseo agradecer a todos los que contribuyeron de una u otra forma al éxito del Capítulo, pero la experiencia me avisa que es fácil olvidarse de mencionar a alguien. Si olvidara mencionar sus nombres, les ruego me crean cuando les digo que SÍ les estamos todos muy agradecidos, aunque a causa de la fragilidad humana quizás no mencione su contribución. Pues, en nombre de todos los capitulares, y, de hecho, de toda la Orden, deseo agradecer, sin seguir ningún orden de prioridad:
· A los Hermanos y Colaboradores de la Comisión Preparatoria
· Al Secretario General y al personal del Secretariado de la Curia General Curia y del Capítulo
· Al moderador del Capítulo, Sr. Álvaro Díaz
· Al Secretario del Capítulo, el Hermano Giancarlo Lapic’
· A los Colaboradores que estuvieron con nosotros durante el Capítulo y que nos presentaron un mensaje que nos inspira y nos reta a seguir adelante – y a los Colaboradores que se quedaron trabajando, ayudando a mantener viva y activa nuestra misión
· A la Hermana Helena O’Donohue, que nos ayudó con el discernimiento antes de las elecciones
· Al Presidente del Capítulo de la sesión en la que fui elegido y a los escrutadores que nos ayudaron durante todo el proceso de elecciones
· A los distintos líderes de la Iglesia que visitaron el Capítulo y celebraron la Eucaristía con nosotros
· A los Hermanos Sacerdotes que celebraron nuestras liturgias Eucarísticas
· A los Hermanos que prepararon y presentaron las reflexiones espirituales al principio de las sesiones de la mañana y de la tarde
· A la Sra. Kathleen Elslander y a su equipo de intérpretes
· A los moderadores y secretarios de los grupos lingüísticos y regionales
· A los Capitulares que formaron parte de las distintas Comisiones del Capítulo
· A las Provincias y Hermanos que nos presentaron varios aspectos de la vida de la Orden en las sesiones por las noches
· A las personas que se dirigieron al Capítulo hablando de varios temas
· A los Hermanos que alegraron la atmósfera del Capítulo con sus ilustraciones del “otro Capítulo”, con las viñetas en los pizarrones fuera de la Sala Capitular
· A los fotógrafos – el fotógrafo oficial de la Isla Tiberina, Sr. Arnaldo Lucianetti, y los paparazzi del Capítulo, que se encargaron de que contemos con un rico historial del Capítulo en imágenes
· A los técnicos del sonido y del sistema de votación electrónico
· Al Santo Padre por habernos recibido en la Audiencia Papal y por las enseñanzas contenidas en su homilía, sobre la necesidad de no juzgar a los demás y de confiar plenamente en la infinita misericordia de Dios
· A las Comunidades de la Orden de Roma, por su hospitalidad y por haber estado con nosotros en algunos eventos especiales
· A la Comunidad de S. Egidio, por la acogida que brindaron al grupo de capitulares que la visitó
· A los chóferes de los autobuses, que nos transportaron a los distintos eventos – aunque, cada tanto, desaparecían con sus autobuses del sitio en el que esperábamos encontrarlos
· A las Provincias que nos hicieron regalos – en especial a las que consiguieron mantener el peso de sus obsequios en menos de 10 kilos
· A los Hermanos que permanecieron en las Provincias, que siguieron trabajando mientras nosotros estábamos reunidos aquí en Roma
· A los pobres, enfermos y necesitados – a quienes quizás habríamos podido ayudar más de haber reducido algunos de los gastos relacionados con el Capítulo – por su paciencia con nosotros y por el ejemplo de fe y hospitalidad que a menudo nos dan
· A la administración y al personal del Salesianum
· Y, finalmente, les agradezco a todos ustedes, y a los Hermanos que les eligieron como Superiores o Vocales, por su presencia y participación al Capítulo.
Aun en una lista tan larga de personas a quienes debemos nuestra gratitud, es posible que se me haya olvidado agradecer a alguien. Sin embargo, he intentado reconocer y agradecer a todos los que contribuyeron con la organización y realización del Capítulo, ya que creo que una gratitud profunda y sincera por lo que recibimos forma parte de nuestra espiritualidad como Orden y deseo expresar dicho valor en mi discurso de clausura.
Por fin, agradezco a todos los que me han brindado su apoyo durante estos primeros días como Superior General de nuestra querida Orden, con sus oraciones y con los muchos mensajes de apoyo que he recibido de toda la Orden. Les ruego que sigan apoyándonos, a mí y al nuevo Consejo General, con sus oraciones.
Al volver a sus Provincias, les ruego transmitir un saludo cariñoso y fraterno de mi parte a todos los Hermanos, sobre todo a los que están enfermos o sufriendo por los malestares del proceso de envejecimiento. Envío un saludo y agradecimiento especial a nuestros muchos Colaboradores en todo el mundo. Dado que ustedes también han recibido el don de la hospitalidad de San Juan de Dios para realizar su misión, les animo a tenerle como su modelo y como guía al ejercer su profesión en una de las obras de la Orden. La Orden, de la que ustedes forman parte, depende de que ustedes sigan trabajando con los Hermanos para que el sueño de San Juan de Dios se haga realidad en nuestro tiempo. De esta manera, un número infinito de personas necesitadas recibirán la esperanza y la sanación, y muchas otras tendrán una oportunidad de vivir una vida mejor.
Gracias.
Roma, Viernes 20 de Octubre de 2006
Hno. Donatus Forkan, O.H.
Superior General